Soleá Morente brilla en La Sol
Antes de empezar quiero contaros una cosa. Hace unos años me preocupaba al hacer balance de los proyectos femeninos que escuchaba en contraposición a aquellas bandas que seguía formadas íntegramente por hombres. Lo cierto es que la cifra era irrisoria. Posiblemente más del 90% de la música que consumía la cantaban, tocaban y componían varones. Con el tiempo me sorprende cómo ha cambiado la balanza, pues en la actualidad, en mi caso personal puedo afirmar que la cosa anda bastante igualada e incluso yo diría que la cantidad de grupos formados por mujeres — o que cuentan con alguna de ellas entre sus filas — superan a los masculinos en mis reproducciones.
Las cantantes que por aquel entonces sonaban siempre me daban una visión bastante blanda, frágil, emotiva e incluso tóxica de la vida. Y eso no me gustaba. Todo cambio el día en que descubrí a aquellas que me transmitían fuerza, con las que realmente me sentía identificada y a las que de verdad quisiera parecerme. Una de ellas es la propia Soleá.
Volviendo a la crónica, no me gustan aquellas que solo relatan las canciones que un grupo tocó, puesto que cualquiera que ya les haya visto, con un con un setlist delante puede imaginarse como fue. Yo prefiero hablar de las sensaciones que solo los que allí estuvieron pudieron vivir, para que así, los que no fueron se sientan por un instante parte de aquel momento. Espero conseguirlo. Ahora, para centrar esta e hilando con lo que os acabo de contar voy a hablar de, como diría El Mató, mujeres bellas y fuertes.
La música previa no podía ambientar mejor la ocasión. Desde La Húngara a Junco, pasando por Manzanita y ese Verde que te quiero verde de Lorca. El aire huele a Granada siempre que se trata de un Morente. Con algo de retraso comenzó el espectáculo. Soleá salió enfundada en un vestidazo diseñado por Ariadna Paniagua. Para aquellos que no lo sepan, esta —aparte de ser cantante de Los Punsetes— es diseñadora y crea su propio vestuario para cada concierto. Todos sus trajes son únicos y os animo a que investiguéis el universo que ha creado con su personal visión de la moda.
La noche la abrió la controvertida soleá con autotune — La misa a la que voy yo — a la que, después de la celebrada Ciudad de los Gitanos, enseguida le siguió una de las canciones que por mucho que la oiga en directo, siempre consigue ponerme los pelos de punta: La Estrella sonó en La Sol. Puño en alto y hacia el cielo, allí se demostró que Enrique Morente nunca se fue, sino que vive en su música, en sus hijos y en la libertad que la mediana de esta saga siempre toma por bandera y reivindica en cada paso que da.
Tras recorrer su segundo disco, tocó presentar a su dispar séquito. Empezando por sus coristas: Lorena Alvarez, por la cual sentimos mucho amor desde que hace muchos años la vimos cantando jotas con su banda municipal, Rocio Morales y Remedios Heredia, de Las Negris. Después le llegó el turno a Napoleón Solo, la banda que se encuentra detrás de esta nueva etapa. Al presentarles, hizo una mención especial a la gran cantaora Carmen Linares — madre de Edu Espín, guitarrista que también acompaña a la formación— la cual se encontraba entre los asistentes.
Un cambio de vestuario marcaba el inicio de una nueva etapa en el concierto, y con un traje plateado muy disco seventy empezó a sonar Dormidos, de su primer proyecto con Los Evagelistas. Esta canción — compuesta por el gran Antonio Arias — es posiblemente mi favorita de toda su trayectoria, y en directo aún más. A Dios le pido muy fuerte que ojalá, algún día, podamos presenciar de nuevo algún directo de Los Evangelistas.
A la mitad del mismo, los primeros acordes de la maravillosa Todavía hacían palmear improvisadamente al publico, ya a estas alturas más que entregados. La autora de la misma es nada menos que Ana La Bien Querida, y así se hizo saber. Este bloque lo cerró Olelorelei, el single que le da nombre al disco, uno de los platos fuertes de la noche.
La artista desapareció del escenario para dar lugar a Napoleón Solo y el tema más infravalorado de la historia de la música independiente en España: el Lolaila Carmona. Aprovechando la presencia de las coristas, hicieron bailar a toda la Sol con sus agudos. La realidad es que Lolaila Carmona me vuelve loca, y fue más que un acierto que se reivindicara una de las grandes bandas de esa Granada sembrada de tantísima calidad musical.
Ya con esos rulos tan característicos en la cabeza, y pintándose los labios a contraluz, Baila Conmigo se abría paso en lo que fue el climax de la noche. Desde la primera vez que escuché esta canción sabía que iba a ser un himno. Nadie esperaba que un tema así podría venir de Soleá, pero lo cierto es que ninguna otra lo podría haber hecho mejor que ella. Esta es la fuerza, el empoderamiento y la transgresión de la que hablaba al principio. Era necesario crear algo así. En aquel momento la sala ardió.
Todos pensábamos que se acababa cuando los músicos se retiraron del escenario acompañados de una gran ovación, sin embargo, todavía quedaban un par de cartuchos por quemar. Por qué será, canción que cierra Olelorelei, y una de mis letras favoritas parecía ser el final. Después vino Dama Errante y, tras ella, la artista preguntó si querían cerrar repitiendo Baila Conmigo o con la legendaria Esta no es manera de decir adiós, la chufla ganó y volvimos todos a bailar con ella.
De nuevo la banda desapareció, pero un segundo vis nos aguardaba. Casi celebrando su victoria en aquella sala madrileña, totalmente entregada moviendo esa melena tan característica, nos regaló esa magistral versión del Te estoy amando locamente de Las Grecas, las grandes reinas del "Gypsi rock". Y con ellas se cerró el telón, y tras el un concierto lleno de fuerza en el que delante del público madrileño — su segunda casa — Soleá demostró una vez más que el arte no es solo una cuestión de ADN, sino de trabajo, riesgo y mucha valentía.
Como Las Grecas en su tiempo, Soleá Morente heredó de su padre más que un apellido, sino además toda la fuerza para romper con la música y hacer con ella lo que una siente que tiene que hacer. Como ellas, muchas otras. Ariadna, Lorena Alvarez, Rocio Morales, Las Negris, Carmen Linares o Ana Fernández, todas son mujeres que interpretan, componen y crean a diario, muchas veces invisibilizadas en un mundo desgraciadamente aún dominado por lo masculino.
Al género femenino le cuesta el doble conseguir las cosas, porque les toca demostrar dos veces lo que valen: primero como profesionales y luego como mujeres. Todas ellas no son ni "hijas de", ni "novias de", ni han tenido que realizar actos impuros para llegar a donde han llegado. No es mi intención convertir una crónica en un alegato feminista, solo quería mostraros que, aunque no estén en la parte alta de los carteles de festivales en mayúscula, las mujeres en la música existen y sus proyectos son de igual calidad que los de cualquier grupo completamente masculino.
Tras esto, solo espero que a vosotros os pase lo mismo que a mí y llenéis las bandas sonoras de vuestras vidas con cientos de voces femeninas que a diario luchan contra un sistema que se encarga de invisibilizarlas y, en muchos casos, incluso desprestigiarlas.
Ojalá los festivales del futuro estén llenos de los nombres de todas ellas porque se lo merecen, y no por ser precisamente mujeres, sino por ser grandísimas artistas capaz de inspirar fuerza a muchas otras como yo.
Anécdota personal: A la entrada del concierto te regalaban el típico rulo rosa de peluquería de Maris, en cuyo interior se encontraba una notita a modo de agradecimiento. Pensé que lo había perdido, hasta que al llegar a casa, me di cuenta de que lo tenía en el abrigo. Todo el que haya estado en mi habitación sabe que, sobre una estantería, tengo hecho un altar lleno de velas y claveles para el que, para mí, ha sido el mejor trabajo musical hecho en España jamás. Mi disco favorito: Omega. Allí, entre las flores y junto a su padre, puse el rulo de Soleá.
Al género femenino le cuesta el doble conseguir las cosas, porque les toca demostrar dos veces lo que valen: primero como profesionales y luego como mujeres. Todas ellas no son ni "
Tras esto, solo espero que a vosotros os pase lo mismo que a mí y llenéis las bandas sonoras de vuestras vidas con cientos de voces femeninas que a diario luchan contra un sistema que se encarga de invisibilizarlas y, en muchos casos, incluso desprestigiarlas.
Ojalá los festivales del futuro estén llenos de los nombres de todas ellas porque se lo merecen, y no por ser precisamente mujeres, sino por ser grandísimas artistas capaz de inspirar fuerza a muchas otras como yo.
Anécdota personal: A la entrada del concierto te regalaban el típico rulo rosa de peluquería de Maris, en cuyo interior se encontraba una notita a modo de agradecimiento. Pensé que lo había perdido, hasta que al llegar a casa, me di cuenta de que lo tenía en el abrigo. Todo el que haya estado en mi habitación sabe que, sobre una estantería, tengo hecho un altar lleno de velas y claveles para el que, para mí, ha sido el mejor trabajo musical hecho en España jamás. Mi disco favorito: Omega. Allí, entre las flores y junto a su padre, puse el rulo de Soleá.





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