¿Te conseguiste equilibrar?
Soy una friki de las fechas. Me encanta apuntar cuándo salió
tal disco, hace cuánto fui a tal concierto… para así, en cada aniversario,
volver a ello, recordarlo y hasta hacer una pequeña celebración si esto lo
merece. En la mayoría de las ocasiones no me acuerdo de lo que comí ayer, pero te sé decir que el 13 de Abril se cumplen 21 años del
nacimiento de Una Semana en el Motor de un Autobús de Los Planetas. Seguro, que
ese día, me bebo una Alhambra roja en su honor.
Otro que en estos días está de aniversario es el mítico
1999 de Love of Lesbian. Muchos son los homenajes en redes sociales que leo
últimamente a este gran disco por parte de todos aquellos que, de una manera u
otra, lo sienten parte de la banda sonora de sus vidas. 1999 es una relación, y
como tal, la gran mayoría de las personas se ven reflejadas en la figura de aquellos
ya icónicos Carlos y Marina que escribían los versos de Bowie en los banco de
un parque en el que solían gritar y se despedían para siempre en un taxi en el
año mil novecientos noventa y nueve. Es por ello que de él se puede
decir que ha marcado a toda una generación que siguen esperando que sea cierto el jamás.
En mi caso personal, en la actualidad Love of lesbian se
encuentra muy lejos de la música que ahora me hace vibrar. De hecho, cuando el
aleatorio me pone una canción de ellos, la suelo pasar y confieso que, en
varios festivales, han sido mi “grupo para ir a mear” favorito. Pero igual de
cierto es que, aunque han pasado los años, 1999 marcó una época de mi vida y
aquello que deja huella no se borra nunca.
Cuando se publicó este trabajo, yo era una adolescente que
vivía en un lugar que le asfixiaba. Cada día suplicaba que todo aquello
cambiase, porque no hay mayor sufrimiento que el portar con una losa que no te
permite ser quien tú quieres ser. Fue una época bastante difícil, donde la
música era la única anestesia posible capaz de darme luz en aquel lugar tan inhóspito.
Cuando me ponía los cascos, todo desaparecía, hasta el
dolor. Precisamente, una de las cosas que sonaba en aquel momento era 1999 y la
música del grupo de Santi Balmes. Con la distancia que me dan los años,
madurando todo aquello, puedo afirmar que no sé qué hubiera sido de mí sin
aquel apoyo que me aportaron toda esa música que en aquella etapa de mi vida
escuchaba a todas horas.
Hoy puedo gritar sin miedo que todo lo que entonces deseaba
con todas mis fuerzas se ha convertido en realidad. Mis expectativas han sido
colmadas con creces y, aunque nunca es suficiente, si yo pudiera hablar con
aquella niña, seguro que alucinaría con todo lo que ha conseguido. Cada vez que
vuelvo a la banda sonora de aquellos días me teletransporto y afirmo que, como
dice una gran amiga mía: “las cosas buenas pasan”, aunque a veces cueste tanto
verlas.
Hoy he vuelto a escucharlo entero. Hay canciones que me
transmiten una profunda nostalgia y me devuelven sensaciones de aquellos
oscuros días. No obstante, ahora, la mayoría me son tremendamente infumables,
me cuestan. Me he dado cuenta de que, a día de hoy, “odio a John Boy” con toda
mi alma.
Son muchas las personas que tachan de hipócrita a aquellos que cambian de gustos con el tiempo pero, ¿acaso no es lo sano? ¿es posible sentirse identificada con las mismas canciones después de casi 10 años? Las circunstancias no son iguales y, en mi caso, no soy la misma chica que escuchaba este disco haciendo "simulacros de evasión en su antigua habitación". Y eso me da alegría. Madurar puede ser un acto revolucionario en tiempos en los que, más que una virtud, es algo que brilla por su ausencia.
Hoy me he dado cuenta de que he crecido, como toda esa generación
que creyeron ser Carlos y Marina y que hoy, si se cruzaran con ellos por la calle,
les mirarían con ese cariño tan puro que emana de la sensación de haber amado a
alguien pero, lo más seguro, es que ni se pararían a saludarles. Supongo que, en la vida como en la relación del disco, todo tiene un principio y un fin.
Aún con todo: ¿te conseguiste equilibrar? Yo aún no.
Curiosidad: Cuando me compré 1999 lo escuchaba tanto que se me cayó al suelo y se me partió la caja del disco. Ante este drama, rebusqué entre los discos de mi madre, encontré uno de Los Panchos, les desahucié y utilicé su caja para resucitarlo. Y ahí está, en mi pueblo, con los demás discos de la época, cogiendo polvo gracias a un trasplante de Los Panchos.



Me encanta como escribes porque se nota que escribes de corazón. Sigue así y llegarás lejos!!
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