PODCAST #3 | PURETAS


Sobre el tema de hoy, antes de nada, os quiero advertir que no va con cachondeo. No quiero que se ofenda nadie porque, al contrario, lo hago desde el cariño. Por ello hoy quiero hablar de un sector del público de los conciertos, un tipo digamos, al que yo admiro mucho y entre el que siempre me suelo mover: los puretas*.

*Puretas no como insulto, sino como término en sí.

Pero ¿qué es un pureta? Pues un pureta es ese señor o señora, que los cuarenta años ya no los cumple otra vez, que lleva yendo a conciertos desde los años 90 y que, desde entonces, más encantado o menos, no ha parado.

Los puretas se manifiestan de numerosas formas. Tenemos ese que va con los niños, el que en vez de niños lleva una tote bag y la camiseta del grupo en cuestión. También se manifiesta en el que va de empalme del trabajo y llega a al concierto en clase y, mi preferido, el que lleva look de persona indie de principios de los 2000 con camisetita entallada de estampado psicodélico y, la clave, esas patillas medio señorito de cortijo de Badajoz, señor rockero de los 60. Gente muy de escuchar La Costa Brava o de ir a ver, ahora, a Francisco Nixon.

Os pongo en situación. Yo nací en los 90. Pero no en los 90 del principio, no, sino ya a mediados, más cerca de los 2000 que de los 80. Por tanto, es matemáticamente imposible que yo viviera aquella época. Sin embargo, la mayoría de los grupos que escucho y que más admiro, nacieron – y para mi desgracia murieron – también en ese final de siglo XX.

Una no llega a esta música por casualidad. La gente de mi edad que dice: “yo es que llevo 24 años escuchando X grupo” no engañan a nadie. Es imposible que tu con 10 años, sin influencias familiares, conocieras a El Regalo de Silvia. En mi caso ha sido un proceso de desarrollo personal y de investigación que me ha llevado a la conclusión de que, con el género, el espíritu y la forma de vivir la música con la que más me identifico, es la que se hizo en aquel nacimiento de la escena independiente de este país.


Por desgracia, como ya os he comentado, a todos estos grupos como pueden ser Penelope Trip o Usura, no les he visto – ni les voy a poder ver en la vida – tocando en directo. Una pena, de verdad os lo digo. Y a los que sí que puedo, al final, los tengo que disfrutar sola porque a mis amigos – de más o menos mi misma generación – no les interesa porque ni siquiera saben quienes fueron o quienes son.

Hoy, tampoco ellos pueden disfrutar de esos grupos de juventud, pero nos los encontramos a todos en conciertos de grupos como La Habitación Roja,  El Contempopranea, Maga, Chinarro, Lagartija Nick, Los Planetas, Santi Campos (que por cierto, me flipa y que en su anterior disco escribió una de mis canciones favoritas, que es Flora y Fauno).

En lo referente a este desfase generacional, tengo muchas anécdotas. Por ejemplo, el otro día estuve a ver a Niño de Elche, aquí en Madrid. Presentaba su nuevo disco, Colombiana. El concierto fue la hostia, igual de irreverente que el. El caso, es que yo fui sola y tenía al lado a un grupo de señores que, esperando a que empezara el concierto porque iba tarde, empezaron a calcular la media de edad de los asistentes. “Pues yo creo que rondará los 40/45, más o menos”, dijo uno. Yo, que estaba escuchando la conversación a lo maruja, les miré. Me miraron, se rieron, les sonreí y me dice: “joder, tú nos fastidias la media pero con mucho”. Y así era. Otra vez me acuerdo de ir a ver a Antonio Arias con Fernando Alfaro, posiblemente el summun del puretismo y que me comentara un señor también que le sorprendía verme allí, qué cómo era posible que les conociera. A Alfaro y a Arias no solo les conozco, sino que les admiro con el alma entera.



A parte de todo esto, os quiero contar las ventajas que supone el ir a conciertos con puretas. La primera, y la que más me maravilla, es que no tienes que hacer cola para tener buen sitio. Esta gente tiene esos dos dedos de frente que te da la madurez y va a los conciertos a la hora que pone en la entrada y no cuatro horas antes, a sentarte en la acera a esperar que abran puertas. Yo la verdad es que gracias a Dios esa etapa de mi vida ya la superé hace unos años, pero es fenomenal el poder ir a tu hora sin tener que sufrir antes para poder ver el concierto en condiciones. Además, otra cosa, al primer lugar que van en cuanto entran no es a coger un buen sitio, sino a la barra a por su cervecina. Cosa maravillosa también.

Y la más importante de toda y el motivo por el que he querido hacer esta pequeña oda a los puretas: lo mucho que se aprende de ellos. Como ya os he comentado, yo no viví esa época, o bueno, sí la viví pero comprenderéis con 2 o -2 años la verdad es que no estaba para mucho indie. Gracias a las conversaciones que he tenido con muchos de ellos, me he podido hacer una idea de cómo fue y de lo mucho que me hubiera gustado vivirla. Aquella inocencia, aquella falta de miedo para tener un grupo sin saber tocar, esas ganas de romper con el molde, de ser único, de ser libre…

Además, con ellos comparto otra de mis pasiones y es la de rebuscar ediciones de discos raras hasta debajo de las piedras para ir ampliando una colección de cds que cada vez ocupa más espacio en mi habitación. Los que me seguís por instagram sabéis que siempre os animo a que compréis discos en tiendas de discos de toda la vida y que, si os queréis animar conmigo, cumpláis con el #undiscoalmes19, en el que os propongo comprar un disco cada mes para que, al final del año tengamos 12 cajitas que resuman musicalmente cómo han sido estos 365 días para nosotros.

Siguiendo con esto, hay que pensar que forma de consumir música que tiene esta gente es muy diferente a la de las generaciones de ahora. Por ejemplo, para que a ellos les llegara cierta canción, un amigo les tenía que grabar o prestar un disco. Eso o la radio, que esa es otra de las cosas que admiro tanto de los 90. Solo hay que mirar a Julio Ruiz y su Disco Grande y la labor que hizo dando a conocer a todos esos grupos que hoy son enormes y que entonces mandaban sus cintas a la radio con la esperanza de ser alguien. Si estoy haciendo esto, es con la esperanza de un futuro parecerme a él, os lo digo de corazón.




Hoy en día la música es un objeto de consumo más, que se vende y se compra como cualquier otro. No nos paramos a ver qué hay detrás. Uno de los motivos por los que me siento tan parte de aquella época es por esa emoción que se siente cuando encuentras, entre un millón de personas, a otra con los mismos gustos que tú. Con los grupos de hoy en día, y las facilidades que tenemos para acceder vía web a sus trabajos, no pasa pero, esa sensación de sentir que formas parte de algo único creo que es lo que hace de la escena independiente algo especial.

Por todo ello, el post y el podcast de hoy quería que fuera dedicado a ellos. A los que tanto me han enseñado con conversaciones antes de que empiece un concierto, a los que me miran raro por estar viendo a grupos prehistóricos con veintipocos y, ante todo, a los que siguen manteniendo ese espíritu noventero a pesar de que hoy en día esté prácticamente extinguido. Porque en ellos veo mi futuro. Me veo así.

Y como tal espero que en ese futuro, no es por dar rabia, pero algo lejano para mí, existan nuevas generaciones que admiren lo que ahora se hace con el mismo cariño que admiro yo lo que se hizo entonces, porque, siempre lo digo, pero la mejor herencia que le podemos dejar a nuestros hijos siempre será la música.





Canciones que aparecen en este podcast:


Yo te perdí una tarde de abril - Family
On  graveyard Hill - Pixies
Una persona sospechosa - Los Punsetes
Clamando el error - Los Estanques
La Leyenda del tiempo - Camarón
¿Por qué me tengo yo que enamorar?- Los Fresones rebeldes
Déjese querer por una loca - La Costa Brava
Dulces lágrimas - El Regalo de Silvia
Barcelona - Santi Campos y los herederos
Camisa Hawaiana de Fuerza - Fernando Alfaro
En un mundo tan pequeño - Mercromina
Historia de un verano - La Buena Vida
Desorden - Los Planetas
Cencellada - Wisdom Tooth

Comentarios

Entradas populares