Los Premios Ruido, Soleá Morente y los imposibles.
La Virgen de la Granada - Fra Angelico
Recuerdo que cuando estaba en el instituto dos grupos de mi clase nos presentamos a un concurso del HOY que consistía en crear un periódico, desde cero. En el mío, yo quería hablar de motos y la persona que nos tutelaba el trabajo me dijo que no, que eso no era de niñas, que escribiera mejor de ropa. Me alegro de que no ganáramos, porque obviamente no lo hicimos. Quien sí ganó fue el otro grupo. El premio era una Wii y visitar unas rotativas. Yo me cabreé tanto que me compré la Wii con el poco dinero que tenía ahorrado y me juré no volver a tratar con el periodismo en la vida.
Muchos años más tarde, cuando con 18 años te ponen al borde de ese precipicio que te hace elegir a qué vas a dedicar el resto de tu vida, yo ya estaba inmersa en números, integrales y fórmulas de cinemática. Como en aquel entonces no me dejaron escribir de motos, yo decidí que no solo iba a hablar de ellas, sino que las iba a hacer yo. Con esa máxima me vine a Madrid a estudiar una ingeniería.
Ya aquí, mi vida transcurría entre las paredes de una universidad que me asfixiaba y las de las salas de conciertos que me daban la poca fuerza que tenía para seguir luchando. Hasta que un día, ya casi terminando la carrera y en medio de uno de esos conciertos — de Los Planetas precisamente, en el festival Tomavistas y el día de mi cumpleaños — me di cuenta de que la verdadera felicidad es dedicar tu vida a lo que realmente te apasiona y que no iba a sufrir ni un día más por algo que no me llenaba. Lo dejé todo, me fui a estudiar periodismo. Una locura.
En verdad la historia es bastante más compleja y tiene un drama detrás que solo las personas más cercanas a mi entorno han sufrido conmigo. De hecho, no me gusta hablar de ello y es la primera vez que escribo sobre el tema. Pero hoy me apetecía.
Una vez que pisé ese monstruo de hormigón que es la Facultad de Ciencias de la Información de Madrid me di cuenta de que, aunque tarde, había encontrado mi verdadera vocación. Y eso, señores, es imposible que a todos nos pase por igual con 18 años.
En medio de esta euforia y autosatisfacción que te entra cuando sientes que estás donde tienes que estar, vi que una vez dentro te ponen un grillete que te ata al suelo y no te deja volar. Desde muy al principio de la carrera, el mensaje es muy claro: “no sueñes que vas a ser periodista, porque es un milagro”. Las alas que me crecían cada vez que me leía los libros de Kapuscinski o me ponía delante de un micrófono se desplomaban porque desde arriba, como si en una jaula te encontraras, te escupían en la cara y – como tantas otras veces en mi vida – me llamaban“ilusa”.
No les desmiento nada pues llegar a ser periodista es tan complicado que solo tengo que mirar a los ojos a todos esos amigos que lo son, no ejercen y se mueren por hacerlo. Y de su mano esa realidad que, por muchas ganas que le pongan, no deja de acecharte como una sombra que tapa todo lo que haces, que no te deja ver la luz si es que la hubiera.
¿Y a mí que me cuentas, María? Diréis. Esto es un blog de música y tu vida y obra no nos interesa en absoluto. Sí, es cierto, pero lo que os falta es el “mí”. Es “mí” blog de música, y en memoria de aquel día en el que no me dejaron escribir de motos “porque no era de niñas”, como diría Blas de Otero, aquí no me niega la voz ni la palabra nadie.
El pasado 27 de noviembre se celebraba en el bar Intruso de Madrid la presentación de los finalistas a los Premios Ruido que anualmente la Asociación de Prensa Especializada en Música — la PAM— otorga a los mejores discos españoles publicados en ese mismo año. Normalmente, cuando acudo a un concierto no me suelo acreditar como prensa, más que nada porque la libertad para escribir lo que te dé la gana que te otorga pagar una entrada, no te la da algo que para algunos medios es casi “como un favor” que te hacen y que parece que hay que devolver con una crónica positiva no vaya a ser que para otra no te acrediten. No juego en esa liga. Sin embargo, esta vez me apetecía sencillamente porque quería resucitar a mi cámara de fotos que, después de tantos meses, estaba cogiendo polvo en el armario de mi habitación.
Esa noche, en la misma “gala”, cantaba Soleá Morente. La primera vez que yo hice fotos en un concierto fue precisamente a la granaina hace ya un montón de años. Me cogí la cámara, me fui al concierto y disparé. No me considero fotógrafa en absoluto, pero creo que por lo que hubo detrás, las mejores que he hecho nunca fueron de esa noche. A partir de ahí fueron muchos los conciertos a los que fui a fotografiar y escribir, cosa que desembocó precisamente en todo lo que he explicado al principio. El caso es que esa noche me pillé la cámara y me fui a retratar a Soleá, otra vez.
Una vez dentro me encontré una sala a la mitad de gente. “Supongo que serán socios de la asociación”, pensé. Parecía casi como un evento privado y yo no sabía si sentirme fuera de lugar o dentro. Análogamente, era como mirar desde la calle un escaparate que guarda algo que deseas tener con todas tus ansias pero que no puedes. Dentro de toda esta intensidad, mi mochila – que iba cargada con la cámara y los objetivos – decidió que era buena idea que la cremallera se rompiera, cayendo todo al suelo. Mi madre siempre dice que soy un desastre, pero no es culpa mía, es el destino que parece divertirse viéndome sufrir.
La primera parte de la noche estuvo dedicada a anunciar, como ya he dicho, los finalistas del Premio Ruido 2019. Tomás Mayo, en compañía de la misma Soleá, nos iban narrando los nombres de los afortunados. Cupido, Cala Vento, Carolina Durante, DMBK, La Bien Querida, Fuerza Nueva, La Casa Azul, León Benavente, Los Estanques, Los Punsetes, Novedades Carminha, Viva Suecia. Tras su anuncio, ahora comienza una nueva fase de votación. El resultado se conocerá a principios del 2020. Todos ellos son grupos que me encantan, todos han sonado en mi podcast. Me sentí un poquito más dentro del escaparate.
Después, en acústico y acompañada de Victor Iniesta a la guitarra, salió Soleá a regalarnos un pequeño aperitivo musical. La Alondra abría la noche.
Una vez en faena ocurrió algo muy curioso. Os pongo en antecedentes. Siempre que voy sola a un concierto – que suelen ser el 95% de los que voy – suelo llamar a mis padres por teléfono en la cola. Aprovecho, hablo con ellos y me siento un poquito más acompañada. Justo antes de entrar a este, mi padre me contaba que se quería comprar una chaqueta. Me dijo: “¿tú te acuerdas de esa chaqueta verde mía? La que me compré para la boda de tu tío. Es que igual me viene bien y no la encuentro”, a lo que yo le respondí: “ni la encontrarás porque hace años que la tengo yo en Madrid. Es más, es de mi chaquetas favoritas”. Volviendo al concierto, tras un par de canciones al empezar, Soleá se quita la que viste ella y dice: “esta chaqueta era de mi padre”. Sonreí.
La cosa no se queda allí. La mediana de los Morente continuó diciendo: “Era de mi padre, y justo he metido la mano en el bolsillo y me he encontrado unas notas suyas, escritas por él. Me he emocionado”. De pronto saca un folió doblado, se acerca al micrófono y con la voz temblorosa comienza a leer:
Otro de los grandes momentos de la noche fue la presentación de un par de canciones que formarán parte del nuevo disco de Soleá que sale a principios de año. A “No puedo dormir”, que también sonó, se une Cosas Buenas. Los dos discos anteriores de Soleá, sumado al proyecto con Los Evangelistas, me parecieron espectaculares y por la pinta que tienen los adelantos seguramente el que viene no se quede atrás. Siempre valiente esa saga Morente.
Allí, en primera fila, en una esquinita con mi cámara me sentía pequeña, pero en el fondo dentro. Me veía en ello y allí cobraba sentido la locura que hace años cometí de dejar una carrera que tiene un futuro asegurado por otra en la que llegar a dedicarse a ella parece una quimera.
La noche la cerraron como vienen siendo ya habitual Baila Conmigo y una “errada” Dama errante que acabó convirtiéndose en el estreno de otra canción nueva, “Si no eres feliz con lo que tienes, como va a ser feliz con lo que te falta” dice la letra escrita por La Bien Querida, frase que me hizo despertar como cuando te dan una hostia en la cara para que espabiles. Y con ella se desvelaba el título del disco: “lo que te falta”.
Cuando acabó salí deprisa de la sala pues al día siguiente tenía que madrugar precisamente para ir a la facultad. De camino a casa, en el bus, me entré en la página de la Asociación de Periodistas Musicales. Quería conocer qué tenía que hacer para pertenecer a ella. En los estatutos, lo siguiente:
A) Tener el título de periodista. No, aún.
B) No cumpliendo con el requisito anterior, acreditar que te dedicas a ello. No, tampoco.
En ese momento recordé a todos aquellos que en la universidad nos bombardean con el discurso de que nunca llegaremos a vivir del periodismo salvo que se nos aparezca la Virgen de la Granada y todo su séquito. También me acordé del día en el que, siguiendo una corazonada, decidí jugármela y dejarlo todo por dedicarme a ello. Y, aunque “lo que me falta es mucho”, lo “que tengo”, que es poco, me llena tanto que, cada vez que escribo de música, me confirmo a mí misma que vale la pena arriesgarse y no quedarse con la sensación de no haberlo intentado. Porque, parafraseando a un ídolo: “el intentar imposibles es la fineza mayor”.
Muchos años más tarde, cuando con 18 años te ponen al borde de ese precipicio que te hace elegir a qué vas a dedicar el resto de tu vida, yo ya estaba inmersa en números, integrales y fórmulas de cinemática. Como en aquel entonces no me dejaron escribir de motos, yo decidí que no solo iba a hablar de ellas, sino que las iba a hacer yo. Con esa máxima me vine a Madrid a estudiar una ingeniería.
Ya aquí, mi vida transcurría entre las paredes de una universidad que me asfixiaba y las de las salas de conciertos que me daban la poca fuerza que tenía para seguir luchando. Hasta que un día, ya casi terminando la carrera y en medio de uno de esos conciertos — de Los Planetas precisamente, en el festival Tomavistas y el día de mi cumpleaños — me di cuenta de que la verdadera felicidad es dedicar tu vida a lo que realmente te apasiona y que no iba a sufrir ni un día más por algo que no me llenaba. Lo dejé todo, me fui a estudiar periodismo. Una locura.
En verdad la historia es bastante más compleja y tiene un drama detrás que solo las personas más cercanas a mi entorno han sufrido conmigo. De hecho, no me gusta hablar de ello y es la primera vez que escribo sobre el tema. Pero hoy me apetecía.
Una vez que pisé ese monstruo de hormigón que es la Facultad de Ciencias de la Información de Madrid me di cuenta de que, aunque tarde, había encontrado mi verdadera vocación. Y eso, señores, es imposible que a todos nos pase por igual con 18 años.
En medio de esta euforia y autosatisfacción que te entra cuando sientes que estás donde tienes que estar, vi que una vez dentro te ponen un grillete que te ata al suelo y no te deja volar. Desde muy al principio de la carrera, el mensaje es muy claro: “no sueñes que vas a ser periodista, porque es un milagro”. Las alas que me crecían cada vez que me leía los libros de Kapuscinski o me ponía delante de un micrófono se desplomaban porque desde arriba, como si en una jaula te encontraras, te escupían en la cara y – como tantas otras veces en mi vida – me llamaban
No les desmiento nada pues llegar a ser periodista es tan complicado que solo tengo que mirar a los ojos a todos esos amigos que lo son, no ejercen y se mueren por hacerlo. Y de su mano esa realidad que, por muchas ganas que le pongan, no deja de acecharte como una sombra que tapa todo lo que haces, que no te deja ver la luz si es que la hubiera.
¿Y a mí que me cuentas, María? Diréis. Esto es un blog de música y tu vida y obra no nos interesa en absoluto. Sí, es cierto, pero lo que os falta es el “mí”. Es “mí” blog de música, y en memoria de aquel día en el que no me dejaron escribir de motos “porque no era de niñas”, como diría Blas de Otero, aquí no me niega la voz ni la palabra nadie.
El pasado 27 de noviembre se celebraba en el bar Intruso de Madrid la presentación de los finalistas a los Premios Ruido que anualmente la Asociación de Prensa Especializada en Música — la PAM— otorga a los mejores discos españoles publicados en ese mismo año. Normalmente, cuando acudo a un concierto no me suelo acreditar como prensa, más que nada porque la libertad para escribir lo que te dé la gana que te otorga pagar una entrada, no te la da algo que para algunos medios es casi “como un favor” que te hacen y que parece que hay que devolver con una crónica positiva no vaya a ser que para otra no te acrediten. No juego en esa liga. Sin embargo, esta vez me apetecía sencillamente porque quería resucitar a mi cámara de fotos que, después de tantos meses, estaba cogiendo polvo en el armario de mi habitación.
Esa noche, en la misma “gala”, cantaba Soleá Morente. La primera vez que yo hice fotos en un concierto fue precisamente a la granaina hace ya un montón de años. Me cogí la cámara, me fui al concierto y disparé. No me considero fotógrafa en absoluto, pero creo que por lo que hubo detrás, las mejores que he hecho nunca fueron de esa noche. A partir de ahí fueron muchos los conciertos a los que fui a fotografiar y escribir, cosa que desembocó precisamente en todo lo que he explicado al principio. El caso es que esa noche me pillé la cámara y me fui a retratar a Soleá, otra vez.
![]() |
| Esta foto es de aquel día, pero no pasa nada. |
Una vez dentro me encontré una sala a la mitad de gente. “Supongo que serán socios de la asociación”, pensé. Parecía casi como un evento privado y yo no sabía si sentirme fuera de lugar o dentro. Análogamente, era como mirar desde la calle un escaparate que guarda algo que deseas tener con todas tus ansias pero que no puedes. Dentro de toda esta intensidad, mi mochila – que iba cargada con la cámara y los objetivos – decidió que era buena idea que la cremallera se rompiera, cayendo todo al suelo. Mi madre siempre dice que soy un desastre, pero no es culpa mía, es el destino que parece divertirse viéndome sufrir.
La primera parte de la noche estuvo dedicada a anunciar, como ya he dicho, los finalistas del Premio Ruido 2019. Tomás Mayo, en compañía de la misma Soleá, nos iban narrando los nombres de los afortunados. Cupido, Cala Vento, Carolina Durante, DMBK, La Bien Querida, Fuerza Nueva, La Casa Azul, León Benavente, Los Estanques, Los Punsetes, Novedades Carminha, Viva Suecia. Tras su anuncio, ahora comienza una nueva fase de votación. El resultado se conocerá a principios del 2020. Todos ellos son grupos que me encantan, todos han sonado en mi podcast. Me sentí un poquito más dentro del escaparate.
Después, en acústico y acompañada de Victor Iniesta a la guitarra, salió Soleá a regalarnos un pequeño aperitivo musical. La Alondra abría la noche.
Una vez en faena ocurrió algo muy curioso. Os pongo en antecedentes. Siempre que voy sola a un concierto – que suelen ser el 95% de los que voy – suelo llamar a mis padres por teléfono en la cola. Aprovecho, hablo con ellos y me siento un poquito más acompañada. Justo antes de entrar a este, mi padre me contaba que se quería comprar una chaqueta. Me dijo: “¿tú te acuerdas de esa chaqueta verde mía? La que me compré para la boda de tu tío. Es que igual me viene bien y no la encuentro”, a lo que yo le respondí: “ni la encontrarás porque hace años que la tengo yo en Madrid. Es más, es de mi chaquetas favoritas”. Volviendo al concierto, tras un par de canciones al empezar, Soleá se quita la que viste ella y dice: “esta chaqueta era de mi padre”. Sonreí.
La cosa no se queda allí. La mediana de los Morente continuó diciendo: “Era de mi padre, y justo he metido la mano en el bolsillo y me he encontrado unas notas suyas, escritas por él. Me he emocionado”. De pronto saca un folió doblado, se acerca al micrófono y con la voz temblorosa comienza a leer:
“El intentar imposibles es la fineza mayor, porque el que ama no teme ni a su dolor”.
Morente vive, nunca se fue y esto lo demuestra.Otro de los grandes momentos de la noche fue la presentación de un par de canciones que formarán parte del nuevo disco de Soleá que sale a principios de año. A “No puedo dormir”, que también sonó, se une Cosas Buenas. Los dos discos anteriores de Soleá, sumado al proyecto con Los Evangelistas, me parecieron espectaculares y por la pinta que tienen los adelantos seguramente el que viene no se quede atrás. Siempre valiente esa saga Morente.
Allí, en primera fila, en una esquinita con mi cámara me sentía pequeña, pero en el fondo dentro. Me veía en ello y allí cobraba sentido la locura que hace años cometí de dejar una carrera que tiene un futuro asegurado por otra en la que llegar a dedicarse a ella parece una quimera.
La noche la cerraron como vienen siendo ya habitual Baila Conmigo y una “
Cuando acabó salí deprisa de la sala pues al día siguiente tenía que madrugar precisamente para ir a la facultad. De camino a casa, en el bus, me entré en la página de la Asociación de Periodistas Musicales. Quería conocer qué tenía que hacer para pertenecer a ella. En los estatutos, lo siguiente:
A) Tener el título de periodista. No, aún.
B) No cumpliendo con el requisito anterior, acreditar que te dedicas a ello. No, tampoco.
En ese momento recordé a todos aquellos que en la universidad nos bombardean con el discurso de que nunca llegaremos a vivir del periodismo salvo que se nos aparezca la Virgen de la Granada y todo su séquito. También me acordé del día en el que, siguiendo una corazonada, decidí jugármela y dejarlo todo por dedicarme a ello. Y, aunque “lo que me falta es mucho”, lo “que tengo”, que es poco, me llena tanto que, cada vez que escribo de música, me confirmo a mí misma que vale la pena arriesgarse y no quedarse con la sensación de no haberlo intentado. Porque, parafraseando a un ídolo: “el intentar imposibles es la fineza mayor”.
Alguno día me afiliaré a la PAM, (me) lo prometo.
El próximo día 6 de febrero en el la sala Joy Eslava se entregarán los Premios Ruido con la presencia de Los Estanques y Derby Motoreta's Burrito Cachimba. Además, presentados nada más y nada menos que por los Ladilla Rusa.
Os dejo el link de las entradas para que le deis cañita brava.
CLICK
¡Allí nos vemos!
Os dejo el link de las entradas para que le deis cañita brava.
CLICK
¡Allí nos vemos!







Comentarios
Publicar un comentario