Voluntad viene de "querer".
El beso - Gustav Klimt
La palabra voluntad viene del latín, de la unión del verbo volo (querer) y el sufijo -tas.
Me encanta buscar la etimología de las palabras para saber lo que digo, para saber lo que quiero decir. Tampoco me hagáis mucho caso, porque yo en la vida he estudiado latín, cosa de la que a día de hoy me arrepiento.
El miércoles pasado se celebró en Madrid la VII Gira del Voluntariado, en el Teatro Barceló, organizada por la Plataforma del Voluntariado en España. Después de tantos años en la capital, son varias las ediciones de esta pequeña gira a las que he asistido. Me parece que no hay mejor herramienta que la música para inculcar valores en las personas y la Plataforma ha sabido aprovecharse de eso pues cada año consigue llenar el Barceló, alrededor de una causa tan justa como la concienciación a los jóvenes sobre lo importante que es socialmente la labor del voluntario.
Cuando estaba en el instituto fui voluntaria. Una vez a la semana iba a una residencia de ancianos a pasar la tarde con ellos. Les sacábamos de paseo, hablábamos un ratillo con ellos... La relación que he tenido con mis abuelos siempre ha sido muy estrecha. Ellos siempre fueron como mis padres. Me parecía increíble que existiera gente que no la tuviera con los suyos.
Recuerdo una tarde especialmente en la que una señora me cogió la mano y con los ojos llorosos me dijo: "me gusta que vengas porque me recuerdas a mi nieta. Ella nunca viene. Le llamo y ni me coge el teléfono. Pensáis que las personas mayores nos olvidamos de las cosas por la edad, pero al final los que os olvidáis de nosotros sois vosotros". Justo en ese momento comprendí la frase que al inicio del voluntariado me dijo la persona que me animó a hacerlo:
"Cuando eres voluntario, recibes mucho más de lo que das".
Minutos antes de que las puertas de la sala madrileña abrieran, ya había gente esperando. Cuando hay eventos en los que varios artistas distintos comparten cartel, me gusta jugar a averiguar a quién vienen a ver las personas que tengo delante en la cola A mi lado, una pareja que venía a ver a El Jose. Dos más adelante, esperando a La Bien Querida con fervor. Y allí en la cola, la puerta de atrás del Barceló se abría saliendo por allí Antonio Luque, yo — con esos nervios de prepuber que te da tener delante a un referente — pensé: "joder, pues qué alto es".
Poco después de las ocho ya estábamos dentro. La sala se iba llenando poco a poco, recordemos que las entradas estaban agotadas o, como a mí me gusta decir, "estaba tol pescao' vendío". Las luces se apagaron y un vídeo de todas las Casas de Voluntariado de España se proyectó deseándonos una gran noche. Sonreí cuando salió la de Extremadura, desde Badajoz, mi casa.
Tras esto, dos chicas nos presentaban lo que iba a ser la noche y nos hablaban de lo importante que era la labor del voluntario. Me quedo con una frase que dijeron, que me parece la clave del asunto: "un voluntario regala su tiempo y recordad que el tiempo, por encima de todo, es el bien más valioso que posee una persona". Suscribo todo. Las presentadoras se fueron y sobre el escenario, El Jose.
Confieso que de los tres grupos de la noche, El Jose era único al que no conocía. El granaino salió sombrero, tirantes y guitarra en mano para hacer bailar al Barceló con su particular "canción de autor" en la que cabe desde un flamenco psicodélico hasta un pasodoble. La canción de autor tiene más que ver con lo qué se dice, que con cómo se dice y las letras de El Jose, llenas de esa ironía granaína tan puñetera, calaron en Madrid.
En un momento de su concierto, miré a la izquierda y allí estaba la pareja con la que había coincidido en la puerta, abrazados, mirando al escenario con esa luz en los ojos que te da compartir con alguien algo tan puro como la pasión por la música.
Su actuación acabó con una canción que en la capital viene ni al pelo como previa a este Puente de la "Inmaculada Constitución". El Jose y su banda nos avisaban de que la vida nos iba a pillar "haciendo cola en el Primark", lo suscribo. Provincianos de España, no vengáis a Madrid este fin de semana, es una trampa.
De nuevo volvieron al escenario las dos presentadoras. Me dio bastante en el alma que nadie las escuchara pues el público no callaba. La resignación se les notaba en la cara. No sé cuál es el rumbo que está tomando la música en directo, lo que sí sé es que se la están cargando por culpa de esa incontinencia verbal tan molesta. Yo estaba en primera fila y casi no las entendía, podéis haceros a la idea del ruido que había.
Chinarro sacaba una silla y su guitarra para ofrecernos un pequeño acústico que empezaba con "Tímidos" y casi como una premonición, ese "que no pare la conversación" se cumplía con creces. "Madrid, siempre con ganas de fiesta... pero si nos callaramos un rato...", Antonio recriminaba la situación en vano pues la gente como si oyera llover.
El acústico continuaba con De Piedra o Babieca. Siempre que he visto a Sr. Chinarro he tenido la suerte de estar rodeada de gente bastante respetuosa que callaba ante él como el que tiene delante a una autoridad de la música, porque además él puede presumir de serlo. El que ha vivido un directo de Luque sabe que sus intervenciones hablando son casi tan buenas como sus canciones, una pena que esa noche quedaran empañadas por ese zumbido incansable de gente hablando. "Una llamada la acción" cerraba el acústico, himno Chinarresco por excelencia y con él, Antonio Luque daba paso a La Bien Querida a modo de profeta con las siguientes palabras: "Que sepáis que el éxito de Ana lo predije yo ya hace 12 años".
Como puente, aparecieron de nuevo sendas presentadoras. Detrás de mí, un señor chillado: "oye, no habléis más, ¿para qué habláis tanto si no nos interesa?", referido a ellas. Pongámonos un poco serios. Primeramente no hay que olvidar que si el concierto se celebraba era precisamente porque había una causa benéfica detrás y eso era lo realmente importante de la noche. Segundo, igual que es absurdo ir al cine y que cuando empiecen a proyectar la película tú te pongas a contarle a tu acompañante qué cenaste anoche, lo mismo pasa cuando vas a un concierto y no te callas la puta boca.
La situación me cabrea bastante porque el zumbido de la gente hablando es algo que se te clava dentro y es imposible de ignorar. No me imagino lo que tiene que ser verlo desde arriba del escenario, percibiendo que en realidad no les importa una mierda lo que hagas o dejes de hacer, te van a hacer el mismo caso porque tú música es menos interesante que lo que el amigo de turno le este contando al que no para de hablar, hablar y hablar. Yo sinceramente no entiendo la impronta de gastarte dinero en una entrada para luego no atender al concierto. Para eso seguramente cunda más ese dinero comprándote unas tortillas en Casa Paco y hablando lo que te de la gana sin tener un músico delante que te esté molestando.
Y lo peor es que cada día que pasa esta situación empeora y las solución la veo complicada.
Volviendo a la noche madrileña, con una capa roja y todo su séquito se presentó La Bien Querida. Hace menos de un mes que había asistido a su concierto de presentación el Joy Eslava — podéis leer la crónica aquí — y el verla de nuevo me hizo sentir bastante afortunada. Esta fue una segunda oportunidad de conocer Brujería para los madrileños que no habían podido asistir en aquella ocasión pues el concierto, aunque más corto, fue prácticamente igual.
El Hechizo Protector abrió la actuación y tras ella canciones de este último trabajo. Unas chicas a mi lado miraban a Ana con devoción mientras decían: "es que este último disco es una preciosidad, qué letras", "¿y cuál no?", le respondía su amiga embelesada.
Frente a mí el gran David Rodríguez, al que sabéis que admiro muchísimo como músico. Poca gente sabe hacer atmósferas como todos aquellos que vivieron los 90. Un lujo verle con las manos en la guitarra de tan cerca.
Aquellos que han visto a La Bien Querida en directo saben que en sus conciertos se pasa de la lágrima apunto de caer al baile más histérico con solo cambiar de tema, y allí se vio con un público que la mayoría — aparte de a hablar — se notaba que habían venido exclusivamente a verla a ella.
Cambio de vestuario incluido, allí de entre las sombras apareció de nuevo Diego de Carolina Durante para hacer a dúo ¿Qué? Dos voces que no casan en absoluto pero de los que casi de milagro nace una simbiosis perfecta en el escenario. La química entre ambos es espectacular. Como ya os digo, el concierto del Barceló fue prácticamente un radio edit de lo vivido en la Joy un mes antes.
Impecable terminaba Ana con La Fuerza — posiblemente una de mis favoritas del disco nuevo — y justo cuando empezaba ese momento en el que la gente se agolpa frente al escenario clamando los setlist, yo cogí mi abrigo y salí de la sala antes de morir aplastada.
El camino a casa fui bastante cabreada por culpa de todos los que no callaron aquella noche. Sin embargo, aquel día, la música era algo secundario. Lo importante, como cada año, era recordarnos que el tiempo que nos sobra a nosotros, a otros muchos les da la vida. Porque voluntad viene de querer, y no os imagináis cuánto agradece alguien que le quieran, aunque sea unas horas a la semana. Aquella noche recordé las tardes en la residencia de ancianos yendo a pasear con Paquita, y sobre todo, resonó en mi cabeza la frase que os he dicho al principio: "cuando eres voluntario, recibes mucho más de lo que das".
Desde aquí solo me queda animaros a que visitéis la página de la Plataforma Española del Voluntariado si estáis interesados y que busquéis una causa que os llene. Hacedme caso, será la mejor decisión que toméis en vuestra vida.
Ah, y que os calléis en los conciertos, hostias.









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