PODCAST 02x03 | Protect your local djs.
Baile en San Antonio de la Florida - Francisco de Goya
Hace un año estaba inmersa en un trabajo de investigación bastante tocho. No voy a decir — aún — de qué iba, simplemente quiero comentar que una parte se dedicaba a analizar todas las formas de difusión musical que ha habido, hay y, quizás, habrá. Para comenzar a escribir sobre ello me hice una lista: directo, cds, spotify, medios de comunicación... Cuando la terminé, se me vino en seguida una pregunta: ¿Y los Djs?
Para hablar de ello quiero poneros un poco en situación. Yo he vivido mi adolescencia en un pueblo minúsculo del centro de Extremadura. Allí, un Dj — leído como suena, "dejota" — es un señor al que contrata el ayuntamiento en la feria cuando no hay dinero para traer a la Orquesta Las Vegas. Este va con un ordenador y lo mismo te pone María la portuguesa que a David Civera. Con el tiempo, esta figura se ha ido modernizando hasta ser un chavalillo al que se le da bien la informática y te monta la discoteca móvil bajo seudónimos bastante cutres como Dj Messi. Buscadle, que existe.
Años después me vine a vivir a Madrid y aquí descubrí que había sitios en los que, por suerte, ponían lo que a mi me gustaba. Y a mis 17 años de entonces aluciné. En esa vorágine de edificios altos y nuevos descubrimientos por la capital de España, mi gran amiga y yo comenzamos a buscar un sitio de entre todos los que había — que tampoco eran tantos — en el que poder echar unos bailes los fines de semana. Casi de casualidad encontramos uno que, desde el primer momento en que lo pisamos, supimos que sería nuestra casa. Ese sitio era El Sótano, en La Latina.
Podría escribir no una entrada, sino un libro contando todo lo que vivimos en esa sala. Las noches en la calle Maldonadas marcaron una de las etapas más bonitas de mi vida, y es que cada viernes — y a veces hasta viernes y sábado — bajamos las escaleras de aquel local y no poníamos finas a gin tonics y chupitos de Jager mientras bailábamos, nos pasaban mil cosas raras que siempre acaban en charla con el señor del Taco Away de La Latina. Todavía guardo los carnets. Pero ese no es la cuestión de hoy, quizás otro día.
Volviendo al tema, recuerdo que la primera vez que fui allí, a los pocos minutos de entrar, el DJ pinchó "Pesadilla en el parque de atracciones", de Los Planetas. Era la primera vez que escuchaba a mi grupo favorito sonar en una discoteca. Para muchos será una auténtica gilipollez, para mí — niña en su pueblo escondía sus gustos musicales por miedo a que la rechazaran — fue una gran victoria y me hizo tal ilusión que lo celebré como si hubiera ganado una Champions. Real.
Mis amigas siempre me riñen, pero es que soy un tanto sectaria con la música. Para mí es tan importante que me llega a afectar mucho anímicamente. Por esta razón, no puedo salir por la noche a un sitio donde no suene lo que a mí me gusta. Realmente lo he intentado, pero acabo siendo una seta y no disfruto en absoluto. Ante eso, prefiero quedarme en casa. Soy así de pedante. Por eso siempre procuro acudir a donde se respeta esta máxima mía.
Si me tengo que quedar con algo de aquella época que os he contado, sin duda es la cantidad de grupos nuevos que descubrí bailando. Al día siguiente, aunque pareciera mentira después de todo lo que bebíamos, siempre intentaba buscar las canciones. Las apuntaba e incluso, de tantas veces que iba, me las acababa aprendiendo. Allí sonaba desde Beck, a Justice. También New Order, Amatria, Interpol, The Human League... Millones de grupos unidos a mil historias.
Por desgracia, este cerró (o más bien lo cerraron), pero la costumbre de ir detrás de la calidad siguió en nosotras, y así ha sido y seguirá siendo. El Tupperware, la Maravillas, La Vía Láctea, el Fotomaton, Costello, el Ochoymedio, la Sol... por todas ellas hemos pasado. Por esta razón, en esta entrada quiero reivindicar a los Dj como figura importantísima en la industria musical y homenajear a todos ellos que tanto me han enseñado sin saberlo.
En primer lugar, partimos de que muchos desprecian esta profesión porque se piensan que no pasa de poner música y, según los mismos, cualquiera puede hacerlo desde su casa con un ordenador, un par de altavoces y una cuenta premium de Spotify. También el intrusismo laboral, al que todos contribuimos, ha hecho que se prefiera ir a ver al famoso de turno "pinchar" poniendo por delante la imagen que este pueda vender, antes de lo que pueda realmente aportar. Sin embargo, esto va mucho más allá de todo ello, y darse cuenta del trabajo que hay detrás de un DJ ayuda mucho a entender que su labor no es la de ambientar y animar un fiesta. Para mí, muchos están más cercanos a un periodista que a un payaso.
El buen Dj debe estar en constante estudio musical. Tiene que conocer las últimas novedades, los clásicos, las que pegan más, lo que el público quiere oír y —muy importante— lo que él quiere que ellos escuchen. Esta continua actualización conlleva un esfuerzo que solo profesionales como los periodistas especializados o los grandes melómanos realizan. Está bien pinchar clásicos, es necesario, pero aquel que lleva poniendo las mismas canciones 7 años para mí su sesión no tiene interés alguno. Y de esos hay varios.
El buen Dj debe estar en constante estudio musical. Tiene que conocer las últimas novedades, los clásicos, las que pegan más, lo que el público quiere oír y —muy importante— lo que él quiere que ellos escuchen. Esta continua actualización conlleva un esfuerzo que solo profesionales como los periodistas especializados o los grandes melómanos realizan. Está bien pinchar clásicos, es necesario, pero aquel que lleva poniendo las mismas canciones 7 años para mí su sesión no tiene interés alguno. Y de esos hay varios.
La técnica y el oído también es importante. Yo lo he intentado y es más difícil de lo que parece. Además, no hace falta ser un experto para saber si un Dj realmente está mezclando una canción o no. También, queridos amigos, se nota mucho cuando la sesión viene grabada de casa,y menudo timo. El saber qué puede enlazar bien con qué no es tarea fácil o al menos para una arrítmica como yo. Conocer cada canción al milímetro demuestra muchas horas de escucha previa. Eso obviamente no lo ves cuando estás de fiesta cubata en mano, dando saltos en la pista. Sin embargo, no estaría mal que de vez en cuando nos diéramos cuenta de ello y, sobretodo, supiéramos valorarlo.
Hace unos meses leía sobre los 90 y allí hablaban sobre un mítico bar de Granada: el Ruido Rosa. Comentaban en aquel articulo que allí la gente iba a ponerse en la barra, a veces hasta solos, solo con la intención de escuchar música. Ahora tenemos plataformas de streaming que nos ponen todo al alcance de la mano, pero en aquel entonces, dependías de que un amigo te prestara un CD y de que, en los pubs, un señor pusiera música mientras tú te bebías un par de copas. Esa idea nunca la debemos perder de vista: el que pincha es el que prescribe, el que enseña. Tiene el poder de influir sobre el gusto de los demás e, incluso, decidir qué es lo que va a sonar y qué no.
En otro orden de cosas, los Djs entran dentro de esa categoría de gente que trabaja cuando tú estás de fiesta. Y por mucho que te guste, lo cierto es que en el fondo es una putada. Aguantar a gente borracha haciendo el cafre es algo por lo que yo seguramente no pasaría. Además, la mayoría de ellos combinan esta profesión con otros trabajos de día, y el no dormir yo lo llevaría mal. Estoy mayor para ello.
En definitiva, con esta entrada he querido hacer un homenaje a todos esos disc-jockeys que, indirectamente y sin ellos saberlo, han contribuido a ser la banda sonora de mis mejores noches en Madrid. Por la alegría que me da cuando suenan mis canciones favoritas de pronto y sin esperarlas, por la cantidad de grupos que he descubierto mientras salía de.fiesta. Ojalá os haya servido para valorar su trabajo, históricamente equiparable al de un locutor de radio o un sabio vendedor de discos. Yo, por mi parte, parafraseando a El Buen Hijo, decir que "solo estaré muerta cuando no quiera bailar", así que, que sean muchos las noches en las que sigamos coincidiendo en las salas.
En otro orden de cosas, los Djs entran dentro de esa categoría de gente que trabaja cuando tú estás de fiesta. Y por mucho que te guste, lo cierto es que en el fondo es una putada. Aguantar a gente borracha haciendo el cafre es algo por lo que yo seguramente no pasaría. Además, la mayoría de ellos combinan esta profesión con otros trabajos de día, y el no dormir yo lo llevaría mal. Estoy mayor para ello.
En definitiva, con esta entrada he querido hacer un homenaje a todos esos disc-jockeys que, indirectamente y sin ellos saberlo, han contribuido a ser la banda sonora de mis mejores noches en Madrid. Por la alegría que me da cuando suenan mis canciones favoritas de pronto y sin esperarlas, por la cantidad de grupos que he descubierto mientras salía de.fiesta. Ojalá os haya servido para valorar su trabajo, históricamente equiparable al de un locutor de radio o un sabio vendedor de discos. Yo, por mi parte, parafraseando a El Buen Hijo, decir que "solo estaré muerta cuando no quiera bailar", así que, que sean muchos las noches en las que sigamos coincidiendo en las salas.
Y una última cosa: no les pidáis canciones. Está feo.





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